Paquito me parece un niño desamparado, desubicado. El hijo escuálido de unos padres gordos, blanco nuclear con esa cara de inocencia, esa sonrisa torcida y la mirada distante, perdida, como si sus ojos pudieran ver un mundo paralelo superpuesto a éste y él sólo pudiera fijar su atención en aquel. Sus orejas grandes como su ropa, ancha y limpia. Paquito me mira y me sonríe.
-Buenos días.

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