El arte de no decir toda la verdad. Saber cómo hacer para que algo premeditado parezca totalmente casual. Provocar situaciones, evitar otras, pasar de puntillas sobre situaciones incómodas. Y, sobre todo, sonreir. Sonreir pase lo que pase, aunque tropieces y caigas. Sonríe, ríe a carcajadas cuanto más adversa sea la situación. Mover mucho las manos, mirar de soslayo lo que te viene de frente.

No son  las arrugas el único indicio del paso del tiempo que tiene mi cuerpo. Es el peso que lleva el alma y haber aprendido a que no pasa nada. Nunca pasa nada, aunque pase.

-Buenos días, Paquito.

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