Te das cuenta de que todo va mal cuando la proporción va al contrario (que no indirectamente proporcional), cuando te piden más a cambio de menos, cuando das gracias por mínimas miserias, cuando todo lo que te ofrecen tiene un común denominador consistente en bajarse los pantalones, entrar por el aro, sonreir y no molestar. Sobre todo no pensar, no reflexionar, que no haya o, al menos, no parezca que hay vida inteligente dentro de esa cabeza, ese cuerpo-máquina dispuesto a ejecutar y hacer ejecutar un trabajo por el mínimo. Ni un euro de más. Si acaso algún euro de menos.
Menos mal que para consuelo de algunos el sol seguirá saliendo más tarde o más temprano a la misma hora para todo el mundo.

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